Programa Ilusiones, Arte y Poesía, producido por Carlos Márquez y Rosina Anglada correspondiente al domingo 22 de mayo del 2022.

Programa Ilusiones, Arte y Poesía, producido por Carlos Márquez y Rosina Anglada correspondiente al domingo 22 de mayo del 2022.

·       Carlos Márquez inicia declamando “Solea del amor indiferente”, de Manuel Benítez Carrasco, luego el poema HORA, de Rafael de León y Arias de Saavedra, 1908-1982, sevillano de la generación del 27, nació en la misma calle que había nacido el poeta Manuel Machado 34 años antes, coincidió con Rafael Alberti en el Colegio San Luis Gonzaga, antes había estado allí Juan Ramón Jiménez. En la universidad de Granada conoció a García Lorca, con quien hace una buena amistad, algunos dicen que su poética semeja la de Lorca. Bautizado con los nombres de Rafael María José Gerónimo Doroteo Alberto Melchor, falleció el 9 de diciembre de 1982 en el mas cruel de los olvidos, no tuvo la satisfacción de un homenaje merecido por su importante y prolífica obra poética.

HORA, de Rafael de León

 

Me acordaré de ti
todas las noches a las once!...

En la plaza sin luna de tu ausencia
pronunciaré tu nombre
con el mismo temblor del primer día
todas las noches, a las once!...

Y aunque esté en un café, o en un teatro
o en un duelo, sin que nadie me importe,
te llamaré -subasta de mi pena-
todas las noches a las once...

Y si la gente   -¡qué importa la gente!-
no sabe, no comprende, no conoce
lo que es el amor, que aprenda de mis labios
todas las noches a las once...

Que cariño que no es nube, ni melindre,
sino sangre, canción, olvido y monte...
Se quiere así, gritándolo a los vientos,
todas las noches a las once...

Y un día llegará -que Dios me oiga!-
que cuando vaya a pronunciar tu nombre,
tú estés bajo la lluvia de mis besos
a las diez, a las once y a las doce.

 

A seguidas, Carlos nos deleita con:

Poema de la culpa, de José Ángel Buesa

Yo la amé, y era de otro, que también la quería.

Perdónala Señor, porque la culpa es mía.

 

Después de haber besado sus cabellos de trigo,

nada importa la culpa, pues no importa el castigo.

 

Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo

mis labios están dulces por ese amor amargo.

 

Ella fue como un agua callada que corría...

Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.

Perdónala Señor, tú que le diste a ella

su frescura de lluvia y su esplendor de estrella.

 

Su alma era transparente como un vaso vacío.

Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.

 

Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera

turbadora y fragante como la primavera?

 

¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío

sobre la yerba seca y ávida del estío?

 

Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,

como un surco que intenta rechazar la simiente.

 

Era de otro. Era de otro, que no la merecía,

y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.

 

Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño:

Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.

 

Y ella me dio su amor como se da una rosa,

como quien lo da todo, dando tan poca cosa...

 

Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:

ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!

 

La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella

y me diste los ojos para mirarla a ella.

 

Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde

para matar un sueño porque llegaba tarde.

 

Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar

y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.

 

Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,

que sería un pecado mayor si no la amara.

 

Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,

que tú que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,

 

tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,

¡tú también la amarías, si pudieras ser hombre!

 

Canción del amor lejano, de José Ángel Buesa

Ella no fue, entre todas, la más bella,
pero me dio el amor más hondo y largo.
Otras me amaron más; y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

Acaso fue porque la amé de lejos,
como una estrella desde mi ventana...
Y la estrella que brilla más lejana
nos parece que tiene más reflejos.

Tuve su amor como una cosa ajena
como una playa cada vez más sola,
que únicamente guarda de la ola
una humedad de sal sobre la arena.

Ella estuvo en mis brazos sin ser mía,
como el agua en cántaro sediento,
como un perfume que se fue en el viento
y que vuelve en el viento todavía.

Me penetró su sed insatisfecha
como un arado sobre llanura,
abriendo en su fugaz desgarradura
la esperanza feliz de la cosecha.

Ella fue lo cercano en lo remoto,
pero llenaba todo lo vacío,
como el viento en las velas del navío,
como la luz en el espejo roto.

Por eso aún pienso en la mujer aquella,
la que me dio el amor más hondo y largo...
Nunca fue mía. No era la más bella.
Otras me amaron más... Y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

·       MUJER, de Carlos Márquez, 1984, New York

Si me vieras

mirando

el camino

que trae tu andar.

Si vieras

mi asomar

al portón

que en las mañanas

te mira pasar.

Ay, si me vieras

mirando tu risa

que alegra

estos versos.

Ay, si me vieras.

 

·       Sol Evangelina Lora Namías, mejor conocida como Sol Lora, es una poeta, ensayista y narradora dominicana que tiene dos poemarios publicados:

*El lado anverso de la cara (2016)

*Confesemos (2018)

Aparece en una veintena de antologías de alrededor del mundo, tiene inéditos cuentos, novelas y varios libros de poesías.

Sol Lora dice que Corvera de Asturias, España, es un sueño, una ciudad de campos abiertos, prodiga naturaleza con muchas flores, cual alfombra de colores, los asturianos son gente cálida, acogedora y comunicativa como los dominicanos, brindan al emigrante mucho amor y ternura,  tiene un poema dedicado a Federico García Lorca titulado “Ya casi soy Granada”, ciudad a la cual está ligado inevitablemente el poeta: Granada ejerce gran influjo en pintores, músicos, cineastas, por su  Alhambra, el flamenco, y su gastronomía.

YA CASI SOY GRANADA, por Sol Lora

 

La ciudad me rasga sus brazos en diminutivo... Y es que, España, es tan España que no puede verme objetivo de su sed, y pretende ceñir de mi boca (poco a poco) el aroma a café anclado bajo la lengua que me ata a mi Quisqueya.

Aún humea la vieja cafetera entre mis labios; aprovecharé la idea de distancia para abanicar las perspectivas de este duelo, allí donde el mar es tan hondo que abandona en tierra firme para acorralar el salto. Mientras, los pasos huellan la arena y no puedo dar corrida hacia mi playa.

Desde el mismo mar que trasciende en océano, ha naufragado mi barca. Yo he quedado atrapada entre estas piedras. Sin embargo, ni todo un mundo evitará que este puñado de tierra verdee entre un bolsillo.

¿Con qué garrote se amansa el gato que escapa para siempre por entre rejas tan estrechas?

Ya casi soy la Granada de Lorca, ‘’Paraíso cerrado para muchos´´ o ¿por qué no? el infierno que se quema en su ceniza, y es tan pequeño que solo podrá salvarse en su bolsillo…

Aún en esta urbe he construido una torrecilla de marfil y haré resguardo. Muy dentro colocaré dos lunas de mi sangre y una esquela con qué adornar el aposento, de tapiz azul, desde mi estrella…

Apenas lo descubro: ¡Ya casi soy Granada…!

¡Andaré a escribirme en el poema, más allá de este cielo!

 

·       Niurka Hernández es arquitecta, reside en New Jersey desde el año 2013. Llega a la poesía a partir de una gran nostalgia en 2017. Tiene más de 8 libros quiere hacerlos bilingüe, la rima le sale de manera natural y escribe versos libres. Ha participado en las ferias de LACUHE.

 

 “Balbuceo sagrado, dedicado a su madre

 

No hay palabra como la palabra

esas sílabas que en su eco

transportan eternidad.

No hay sentimiento que

recoja enteros sus dulces…

esos pasos tímidos

por el sendero intranquilo

de la vida

esa juventud coronada

de precoz sabiduría

esas tentaciones no abordadas

esa inclusión en la valentía

y tus manos convertidas en caricias

y tu voz en dulcísimo arrullo musitado

traductores de lo eterno.

 

·       Julio Rafael Anglada García compartió “Primaveras para tu otoño”.

Seré yo quien siembre primaveras en tu otoñal ensueño, despertaré las dormidas ilusiones que descansan allí donde tú sabes habitan tus caricias, toco a tu puerta como un iluso que sueña con alcanzar la estrella...anhelo el inasible sueño de libar tu flor..

 

 

 

·       Gladys Montolío, promotora cultural

 

MAMA NATURA

Una madre llora en silencio

Su llanto que se siente por doquier

Llora por sus hijos

Despoja a mama natura de vida

Muere reseca y mutilada

Ha dejado de dar frutos

 

Subyugada comprende

Se produce la catástrofe

de la inexistencia

 

MUJER DE HIERRO

Por Sol Lora

Mujer de hierro

(por dentro blanda).

El núcleo de la Tierra descansa en tus caderas.

¿Acaso con la Fe retoña la sonrisa,

en la pulcra semilla que crece en tus entrañas?

Mujer de hierro

(por dentro blanda).

Elásticas las manos que eleva en su nostalgia.

¿Acaso el horno tan feroz

que supo a infierno

se agota en la tibieza de tu pecho?

Mujer de hierro,

por dentro muy blanda...

¡Metal de transición frente a una causa!

¿Acaso en tu interior descubres el impulso

para seguir la marcha?

¡Mujer de hierro!

¡Mujer espada!

Martillo, con tu voz engrandecida

que arrastras el dolor desde el costado,

y lo envuelves caricia,

tu acento en una nana.

¡Mujer de hierro!

¡Por dentro blanda!

¡Raíz de hembra!

¡Madre del río de la esperanza!

 

A veces

Poema

 

Sol Lora

 

A veces solo a veces…

Me llega tu perfume de la nada,

tu poción de leño fresco y árbol recio

y me miro en tus ojos desvelada.

 

A veces solo a veces…

Escudriña mi mirada entre tus pasos

y se llenan de nostalgia mis escarchas,

¡derritiendo alguna lluvia del pasado!

 

Y otras veces, solo a veces…

Imagino que la vida fuera otra,

que tu sombra y mi sombra, en una sombra

simplemente caminaran siendo un alma…

 

Y es que a veces y, solo a veces…

Se me olvida que el amor se hace una farsa,

cuando rompe con la roca el mar sus olas

y se agotan contra golpe las miradas…

 

Pero a veces, solo a veces…

Te dibujo con mis manos en mis ansias

y recorro con el viento en rumbo opuesto:

¡Los suspiros que quedaron en mi almohada!

 

Esas veces, y solo a veces…

Suelo contemplar mi sombra infausta,

refrescada en la humedad que hizo tu beso:

¡Perfumada, te hago mío en la distancia!

 

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Capitulo 8 La Sangre: una vida bajo la tirania

IGNACIO MIRANDA, 1934-

Capitulo 7 : La sangre: una vida bajo la tiranía de Tulio Manuel Cestero